El Liceo presenta “La dama de picas” de Tchaikovsky

Esta es la tercera ocasión en la que Gilbert Deflo, que había debutado en el teatro barcelonés con “Simon Boccanegra” (1989-90), lleva la conocida ópera de Tchaikovsky al Liceo, después de las programadas en las temporadas 1991-92 y 2002-03.

Los principales roles de la obra serán interpretados por el tenor ucraniano Misha Didyk (Hermann), que debuta en el Liceo; Ewa Podlés (La Condesa); Emily Magee (Lisa, su nieta); Lado Ataneli (Conde Tomski) y Ludovic Tézier (Príncipe Yeletski).

Además de los elementos sobrenaturales y fantásticos de la obra, hay también, siguiendo los modelos de la ópera francesa del momento, escenas de ambiente de la vida de la ciudad y la corte imperial de San Petesburgo a finales del siglo XVIII, con referencias evidentes a la música de la época y también a las músicas popular y religiosa rusas.

Las escenas situadas en el San Petesburgo de Catalina la Grande, con salones de la alta sociedad, alcobas lujosas, “una ópera dentro de la ópera”, parecen, a decir de Deflo, “islas de distensión en el curso de la tragedia que vertebra la obra”.

La dramaturgia de Gilbert Deflo se ajusta a este planteamiento y la escena se abre e ilumina para los cuadros de la vida social y se vuelve angosta y tenebrosa para las introspecciones -arias o dúos- de los personajes centrales.

La escenografía y el vestuario de William Orlandi son delicadamente esteticistas en las escenas costumbristas de San Petersburgo; suntuosos para evocar la mansión en que se celebra la fiesta del segundo acto, antes de la solemne entrada de Catalina la Grande; sobrios para los dormitorios de Lisa y la Condesa, y mucho más severos para la patética escena del río Neva o para el casino de juego que cierra la obra.

Según explica el director musical, Michael Boder, en “La dama de picas”, Tchaikovsky describe dos mundos contrapuestos a través de dos tratamientos radicalmente diferentes de la orquestación, según se refiera a uno o al otro.

“Por un lado, tenemos el mundo ‘real’, la calle, la corte, los jardines y los palacios imperiales, encarnados en las intervenciones del coro, en el ballet, en las pinceladas de costumbrismo y las parodias de danzas de otras épocas; y, por otro, tenemos el mundo alucinógeno de Hermann, que bebe de las fuentes puskinianas del libreto”, apunta Boder.

A pesar de que esta obra se suele representar en un formato abreviado, Boder ha optado por ofrecer una versión íntegra.

A su juicio, los cortes que normalmente se hacen en esta ópera tienen mucho que ver con el intento de hacer desaparecer el mundo convencional asociado al código de los teatros imperiales de la época, y subrayar el sustrato puskiniano de una manera más severa y estricta.

Piensa Boder que “justamente el lenguaje torturado de Hermann y la angustia musical con la que Chaikovski lo describe se entienden mucho mejor de este modo, en contraste con los convencionalismos del otro lenguaje”.

© EFE 2010.

Originally posted 2010-06-21 11:09:48.

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